sobre una "cita perfecta"
Creo que esto no estaría mal, aunque....
Mejor juzgais vosotros. ;-)
No le cuelgo el San Bernardo a nadie, así que quien quiera que lo recoja.
Tenéis libertad.
La cita perfecta
Habían quedado por teléfono, el día anterior en un resquicio del camino.
Ella bajo del coche al verlo aparecer, con un semblante sonriente.
El día
prometía una velada romántica, en un hermoso paseo, lleno de los aromas que la montaña desprendía.
Desde la cima de la montaña se podía oír, el canto que las olas consagraban a las rocas.
El precipicio dejaba ver el mágico espejo el cual invitaba arrojarse y formar parte de las azuladas aguas.
Después de caminar durante una hora...Hicieron un receso en el camino.
Abrieron los brazos queriendo fusionarse con la brisa, y que esta acariciaba sus cuerpos.
Sin ningún tipo de permiso, la brisa recorría minuciosamente sus rostros...
__Él recogió flores silvestres y corono la cabellera de ondulado cabello azabache, que ella dejaba acunar al viento.
__ Ella a su regalo, le devolvió un suave beso en los labios, custodiada de una leve sonrisa.
Los ojos de él se entornaron para divisar estelas en el mar y un balcón de sentimientos quedo pendido en la mirada.
Bamboleando cual madreselva en una muralla.
En el profundo manantial del amor, las caricias tomaron el protagonismo del momento.
Se olvidaron del mar, de las olas y de la brisa serena.Una mullida alfombra de flores sirvió de improvisado lecho.
Él acaricio levemente su mejilla.
Desabrocho, uno a uno los botones de su vestido, dejándolo caer a sus pies, cayendo con la misma facilidad que cae la chaparrón sobre la tierra.
Las palabras sobraron.
Sus manos se dirigieron por el curso alargado de sus piernas deteniéndose en los pies...Acariciándolos, haciéndola estremecer por la sensación.
El deseo junto la exquisitez del lugar, permitió que cabalgasen entre olas imaginarias de romero y flores silvestres
Su estomago era una montaña rusa, cada beso era un ascenso hacía las nubes.
Y cada vez que él se retiraba, ella ansiaba volver a tocar el cielo con las manos, él comenzó acariciar su vientre plano, encontrándose más arriba con sus turgentes y altivos senos.
La caricia suprema de aquel torso desnudo sobre sus pechos turgentes la invitaban a navegar sobre aguas turbulentas, convirtiendo sus ganas en... lluvia.
Una lluvia lenta, suave arrebatadamente delicada en la que se vieron sumidos.
Sus senos pedían en silencio que él los acariciara.
El alboroto constante que causaba esa sensación la hacía temblar como una hoja mecida por el viento.
Eran dos cuerpos desnudos tatuándose con jadeos embravecidos como las olas que bajo el precipicio entonaban una rítmica canción.
Sus caricias tatuaban cada recoveco, cada minucioso murmullo o susurro era una alegoría, que prendía de melodías sus oídos.
Dejó de correr el reloj.
Él la sació por completo, le dio lo que ella pedía, la beso tenazmente y la transformo en una flor más del paraíso.
Así se amaron.
Y se detuvo el tiempo...
Una perlada muestra de sudor recorrió el sendero de lo sucedido, circulaba sobre la escena de aquellos somnolientos seres desnudos.
Como único testigo el rojizo fuego que inundaba el cielo.
El Sol...despedía al mar, a la brisa y la mezcla sensual de sal y sexo.
El astro rey fulguraba, sus últimos rayos sobre el horizonte.
Bramaban las olas
Suspiraba el viento
El sol reverenciaba
Los sentimientos.
Seguramente repetirían aquella primera cita.
Pero ahora con la seguridad, de saber que él era real.